1er Laboratekio del 2013

El pasado domingo 17 de febrero llevamos a cabo el primer Laboratekio del año en la Azotea de nuestros amigos Diana y Josaphat.

La convocatoria como siempre, se hizo a través de las redes sociales y contamos con la puntual presencia de aproximadamente 25 personas.

El trabajo constó de la creación de varios huacales recubiertos de tetrapack que posteriormente como es costumbre laboratekiosa, rellenamos con tierra preparada en modo de mezcla con composta, hojas secas y tierra. Compartimos una rica comida y muchas experiencias sobre los proyectos de varios de los asistentes.

También sembramos en los módulos de huacales y de pet y en algunas macetas, las semillas que según la agricultura biodinámcia eran propicias por la fecha astrológica.

Al final de la jornada de trabajo vimos el cortometraje: “El hombre que plantaba árboles” y hablamos sobre la importancia de no dejar de trabajar y sembrar, poco a poco, hasta que consigamos sanar desde el suelo hasta el tejido social, que crece gracias a la nutrición de la tierra.

Fue una hermosa mañana y tarde de labor y camaradería.

Lo que uno ama en la VIDA

El día de hoy uno de los nodos fundadores del laboratekio se reunirá por la tarde para discutir sobre los próximos objetivos del proyecto.

Algunas veces cuando nos reunimos tomamos té, hablamos de nuestras vidas personales, de neustros procesos, las cosas que duelen y las que nos motivan, y vamos tejiendo juntas lo que será el próximo telar sobre el cual trabajaremos, como si tejiéramos un tapete con un dibujo de lo que queremos que sea el mundo. Son lindas reuniones.

El Laboratekio surgió de la mezcla entre dos mujeres inquietas que probablemente no tenían muy clara la idea de lo que querían, pero queríamos ver ¡verde!. Yo pasaba por un momento de duelo, y tenía ganas de ver lo opuesto, después de enfrentarme con ciclos que se terminaban, quería ver ciclos que comenzaran, y acercarme a las plantas me ayudó mucho a ver que en la vida unos frutos caen, algunas plantas cumplen su ciclo, y se van y mientras otras ya están naciendo, y la vida se reproduce solita. Solito el ritmo natural da equilibrio y crecimiento. Pusimos manos a la obra y del cielo cayó la idea de trabajar en tekios.

Funcionó bastante bien. La comunidad ha crecido. ¿Hace cuánto que comenzó? ya más de un año. No fue tan difícil lograr reunir a personas con ganas de aprender y trabajar, con espacios que necesitaban verde. Lo complicado ha sido mantener las riendas del asunto. Afortunadamente pocos meses después del comienzo de laboratekio llegó al proyecto una sabia bruja de las plantas que dió contenidos y energías nuevas, y que cuando yo salí por un tiempo de la organización fue de tremenda ayuda. Ahora no sabemos si hay un jefe. No trabajamos así. Claro, se necesita organización, atención, cuidado, energía y mucha lucidez para organizar los eventos y administrar el tiempo, los recursos y los momentos de trabajo, pero todo ha sido bastante natural.

El laboratekio ha sido un proceso colectivo de mucho aprendizaje. Tiene muchas posibilidades, y afortunadamente hemos encontrado muchos tekios hermanos en otros lugares del país como Veracruz o Toluca. Yo me siento muy contenta de poder compartir los momentos de planeación con el equipo. Los días avanzan con esperanza, los tekios itinerantes reciben invitaciones, y ahora vienen nuevos capítulos que nos ayudarán a aprender más, con mejores retos, manteniendo los valores de compartir la vida haciendo comunidad, aprendiendo a aprender y a hacerlo juntos, y encontrar la manera de que los recursos económicos y su eventual ausencia no sean nunca razón ni obstáculo para detenernos en nuestro deseo de vivir en una ciudad cada vez más verde, más feliz y más humana.

Siempre he pensado que intentar cosas nuevas a veces se parece a la locura, pero sólo en los momentos más arriesgados he podido encontrar nuevas maneras de inventar la felicidad. Uno puede inventarse nuevas formas de convivencia (aunque el trabajo comunitario es viejo como las abejas), aunque parezca que las opciones sólo son algunas y que si uno se sale del margen es un loco, el trabajo comunitario nos enseña muchas cosas. Entre otras, la posibilidad de buscar y explorar muy a fondo, hasta sentir que uno no puede llegar más lejos, para encontrar lo que realmente amamos. Lo que nos hace felices, que generalmente puede contagiar a otros, y cambiar el mundo poco a poco, día a día, semilla a semilla, en una infinita espiral. El laboratekio, aunque he descuidado su cuidado, me ha ayudado a encontrar lo que realmente quiero hacer. Los invito a ver el video más arriba. ¿Qué nos mueve? ¿Qué podemos hacer? Hoy se me ocurre que celebrar la vida. Con jardines, no por nada dicen que la esperanza es de color verde.

Después de este cursi post, imagino que estarán cansados de la miel, pero si no: aquí hay mas.

Próximamente tekios itinerantes, comida rica, y lo de siempre…

Isadora Bonilla