Si no hay huertos , no es mi revoluciòn.


Los revolucionarios que no tienen huerto, que dependen del mismo sistema que atacan, y que producen palabras y balas, y no comida ni abrigo, son inútiles
Bill Mollison
Quiero escribir sobre mi conversión a lo natural, casero, homemade , DIY  y orgánico.
A pesar de que  a mis 17 años ya estaba enterada de procesos industriales y agropecuarios, aún me faltaba un largo camino hacia la conciencia o hacia la educación ambiental, decidí tener un hijo a los 18 años y fue el comienzo de mi preocupación por el medio ambiente.
Qué curioso que antes que me pusiera  a pensar  en lo que implicaba ser madre a mi edad, me preocupaba más  por todos los pañales desechables que ya se estaban usando y mi primer  meta fue no usar los pañales desechables .
Recuerdo que cuando estaba embarazada fui a una reunión  familiar en Xochimilco, íbamos todas en la trajinera, tías y primas. Algunas iban fumando tabaco y recuerdo haber visto a una de ellas lanzando su colilla al agua. E inmediatamente le dije algo, y ella me contestó diciéndome que no exagerara.
Me indigné y supe que por lo menos en mi familia nadie se preocupaba por el medio ambiente ni por el mundo que le iban a dejar a sus hijos.
Todos se preocupan  por mandarlos a estudiar una carrera que esté de moda y que encaje en las necesidades y tendencias del mercado capitalista. Se ocupan de tener una casa y de dejarles alguna herencia. Los presionan para que sean personas de bien y no usen drogas ilegales y que no sean inmorales o promiscuxs.
Pero no se ocupa de  la educación y herencia ambientales.
También mi embarazo me trajo claridad sobre qué cultura  le inculcaría a mi hijo y estuve asistiendo a un temazcal, donde hicimos  su siembra de nombre y le regalaron a mi hijo sus primero libros, arco y flechas, flores, plumas, agua y su nombre.
Creo que a partir de que tuve  a mi hijo  comencé a rebelarme mejor, pues ya no me trataban como a una niña y así fue que decidí no bautizarlo. 
Y justo ese pensamiento de ¿qué le voy a dejar a mi hijo? Ha sido el que me ha empujado  a descubrir  muchas cosas y a ver muchísimas cuestiones que no quería ver por mí misma y sí que pena que me preocupaba más por el que por mí misma. Pero a diferencia de mí, él tenía una mamá joven y agropecuaria que quería romper el molde de la mamá clásica.
Y literalmente, le rompí la madre al molde o esquema de madre, todo lo que se esperaba de mí al convertirme en madre, nunca llegó. No conseguí ser ese tipo de madre.
El primer huerto que tuve, fue convencional, usé agroquímicos y fertilizantes y “semilla mejorada” y era más a fuerzas que por gusto. Aún así me gustó por que a pesar de estar embarazada igual podía trabajar en él y sin problema alguno. Mi primer cosecha la vendí al negocio de  comida de mi tío y recuerdo lo genial que me sentí cuando me dieron dinero por ese trabajo.
Me entusiasmé tanto que recordé mis tiempos de primaria y comencé a ir de nuevo a Chapingo, como estaba embarazada no podía irme a las fiestas así que me aplique mucho en la biblioteca central de la universidad.
Leía todas las tesis de mis profesores pues yo debía elaborar una tesina, elegí la producción de tomate de cáscara y jitomate de invernadero. Y realmente deseaba llevarlo a cabo al terminar mi carrera, me imaginaba muy feliz mi vida produciendo comida y cuidando de mi invernadero y de mi hijo.
Eran sueños muy bucólicos que tenía y que quizá aún tengo.
Cuando dejé de ir a la escuela, creo que me aleje bastante de esas ideas y prácticas y me preocupé mas por qué le iba a dar a mi hijo, pues no tenía una pareja a mi lado y mi madre se había ido del país. Así que tuve mis primeros mc Jobs y viví la vida genérica durante unos años, hasta que me salud y mi hijo me exigieron un cambio.
Comenzó mi etapa más rebelde y más subversiva y dejé la vida que tenía para dedicarme a renegar de injusticias y malos manejos e intentar cambios sin noción alguna de lo que hacía y enfrentándome a grandes derrotas que me pusieron literalmente los pies en la tierra.
Comencé a preguntarme muchas cosas y a buscar donde fuera qué había venido a hacer al mundo aparte de a consumir y a ser consumida. Y me canse pronto del proceso de levantamiento represión que existía.  Buscaba el siguiente paso.
Observé a Atenco de cerca, noté que después de la represión se unieron y activaron más que nunca y llevaron a cabo muchas actividades y acciones no violentas para no dejar  de exigir la liberación de sus presos políticos. Y constantemente cuestionando las militancias y preguntándome que había más allá.
¿Qué opciones había para las personas que no deseaban arriesgarse a ser apresadxs o desparecidxs dejando asì solxs a sus hijxs? ¿Cómo era la resistencia civil?
Tenía tantas preguntas que los periodistas y los libros no me respondían pues para ellos solo había una cosa defenderse apoyar marchar litigar e informar.  Que pronto muy pronto serían contestadas. Y cuando más sola me sentía y cuando más me rechazaba el mundo por rechazar sus sistemas encontré algo.
Y eso abrió todos los caminos y vías que responderían a mis necesidades y preguntas. No ha sido fácil pues he tenido que cursar una carrera más, una sin reconocimiento ni validez ante el sistema.
Primero fue reparar mi persona de rezagos y olvidos y baches e ignorancias abismales no podía ayudar a nadie ni arreglar nada sin antes hacerlo por mí misma y  fue un duro batallar , pero lo logré
Hubo personas cruciales en este cambio mío, que aún no me siento lista para mencionar, pero sin las cuales no hubiera sido posible.
Pero la más importante fue una mujer, una filósofa que vivió la segunda guerra mundial. Con la que me identifiqué tanto por la batalla de carácter que traía conmigo misma. Leer sus libros me hizo darme cuenta que la guerra más fuerte que yo haya podido experimentar estaba dentro de mí y por fuera estaba tan hábilmente fraguada que era imperceptible y no había salida más que ser diagnosticada por la psiquiatría o la psicología retorcida y tecnócrata y nadie podía ayudarme , más que yo misma.
Recuerdo haber asistido a una conferencia donde se hablaba de ella y sus libros , era gente de edad avanzada que tuvo que lidiar con mi quebranto más grande una fría mañana en la que Jodorowsky estaba por la calle marchando vestido de calaca junto con todo su séquito .
Yo esperaba a que llegaran para fotografiarlos y reportar el suceso en una página en la que compartía notas sobre eventos  culturales. No llegaban y decidí entrar a la conferencia.
Recuerdo que me desesperaba mucho el lenguaje tan simple empleado en todo y no me permitían anotar nada lo que me dificultaba darle forma a sus palabras en mi alterada cabeza. Lloré y no sabía ni qué me sucedía. Bueno pues terminaron  haciéndome soltar de una vez por todas los conflictos que traía amarrados a mí, y en unas horas pude hablar de los tres o cuatro temas que más me fustigaban y una sola respuesta  vino a mover todo.
Hasta la fecha sigue siendo mi base esencial. Y sigo muy agradecida por esta bella instrucción.
Y fue así como terminé entrando a los huertos y la permacultura.
Para mí son un importante y grande paso, muy terapéuticos y sobre todo que te dejan frutos tangibles y reales que puedes palpar y reducir impotencias por exceso de ocio e ignorancia. 

El primer paso -Cómo hacer un Laboratekio parte 1

Hay un factor importante  que hemos encontrado en la construcción de un huerto personal o comunitario.

Se necesita de un cómplice..
Ya leímos mucho de problemas ambientales, o quizá no, ya simpatizamos con la idea de los huertos urbanos, las azoteas verdes, la comida local, o quizá no. Quizá sólo queremos tener unas macetas en el techo o en la ventana, o quisiéramos construir una pared verde.

La cuestión es que solemos pensar que para EMPEZAR a sembrar una nueva forma de vivir tenemos que aprender muchísimo antes de dar el primer paso. Queremos sembrar jitomates y creemos que debemos aprender sobre agronomía, plagas, cultivos, cosechas y biología.

Si en cambio queremos organizar un tequio de trabajo, o un Laboratekio en casa o en la escuela, entonces volvemos a pensar que necesitamos aprender mucho y que la labor complicada de organizarnos necesita demasiado tiempo y por trabajo o escuela dejamos de lado la oportunidad de convocar a un tequio.

Queremos decirles que aunque algo negativas, todas esas ideas pueden servirnos para una cosa, que es realmente importante para nuestro huerto, y esa cosa es: LA COMPOSTA. Ya podemos dejar que esos residuos urbanos se descompongan, y se transformen, delante necesitamos otras cosas.

Hay un factor importante  que hemos encontrado en la construcción de un huerto personal o comunitario.

Se necesita de un cómplice.

Un cómplice nos ayudará en más cosas de las que pensamos. Cuando nos preguntamos por dónde empezar, qué hacer primero, cómo digo esto que quiero hacer, cómo invito a los otros. Cómo busco información parece que estamos solos en una isla desierta. Pero con compañía es distinto: a veces es suficiente con decir: “Quiero hacer esto” y quien está del otro lado responderá y el trabajo empezará a hacerse y habrá más inspiración.

Parece un dato banal y gratuito, pensaríamos que es obvio. Sin embargo es importante por varias
razones, se recomienda que a cualquier invitación, charla, plática, se le agregue el ingrediente del placer. Si quieres que un amigo te ayude a hacer algo, invítalo a comer, a tomar un café. Prepara una cena, y cuéntale lo que se te antoja hacer. Ayuda mucho tener tiempo para hacerlo. Puedes poner en tu agenda: “Cita para contarle a Pancho lo que quiero que hagamos”. Pancho lo agradecerá y el proyecto también. Parece plan romántico y no se nos había ocurrido. ¡También puede serlo!

Otra de las razones por las que un cómplice es necesario es que no siempre nos animamos a hacer las cosas solos por primera vez. También es más fácil construir las ideas y ordenarlas cuando tienes a alguien que te escuche y te de retroalimentación y crítica.

La razón más importante, al menos a nuestro parecer, es que es más fácil tomar decisiones. Un Laboratekio ocurre en el lapso de 6 a 8 horas. Si es la primera vez que se hace no es necesario invitar a tus 15 amigos a que todos te den su opinión de lo que hay que hacer y cuándo pueden venir a ayudarte. Si esperamos a estar todos juntos el tiempo pasará y poco podrá avanzarse. No es decir que no ayude tener la opinión de todos, pero hay una cosa que necesitamos entender sobre las decisiones y el trabajo.

La única forma de hacer que otros te sigan o se inspiren con lo que haces con ellos es mostrando resultados concretos y exitosos. Así sean dos huacales llenos de tierra. Cuando esperas que tus amigos te acompañen en tu labor de construcción necesitas ofrecerles algo a cambio. Son personas que a menos que el huerto sea comunitario van a brindarte su tiempo y esfuerzo para un espacio que es tuyo. Por eso los tequios incluyen clases gratuitas sobre cosas, hay que mantener el balance entre lo que se da y lo que se recibe. Si sólo recibes trabajo, y el trabajo no está organizado, tendrás dos problemas. La gente se desanimará y sentirá que trabaja la tierra de otros para el beneficio de otros. Y esa misma gente sentirá que sus esfuerzos no tienen resultados, como el trabajo no está organizado se avanzará poco y no se verá el esfuerzo concretizado.

Esos problemas hemos buscado solucionarlos haciendo eficiente la organización, claro que no siempre sale como esperamos, pero el esfuerzo de planificar ayuda a dar algo de forma y siempre se agradece. Y es más fácil organizarse si hay pocas manos qué levantar y pocas opiniones qué conciliar. Repito, no es que el consenso no sea un elemento importante, pero los Laboratekios funcionan basándose en el trabajo (organizado) de un solo día, funcionan gracias al ánimo que surge de los resultados concretos y son sesiones de trabajo itinerante que siempre tienen poblaciones diversas y fluctuantes. Es más sencillo en algunas ocasiones organizar el trabajo si son pocos quienes toman las decisiones. Se trata de proyectos pequeños. También es más sencillo que se reúnan para trabajar sobre el plan. Siempre sabemos de reuniones para planificar donde la mayoría falta, o llega tarde. Si esperamos a ser los 10 amigos que queremos iniciar algo para empezar, pasará demasiado tiempo y los ánimos se desgastarán. Esto ha sido al menos nuestra experiencia. Se trata de un ánimo donde hoy te llamo, mañana planeamos, pasado mañana convocamos y trabajamos dentro de una o dos semanas. Tenemos tiempo de fallar, rediseñar, volver a convocar. Velocidad y confianza son buenos aliados.

No hay mejor forma de conseguir el éxito que intentando. Tampoco debemos tenerle miedo al error. Laboratekio trabaja en torno al factor Caos. El Caos siempre estará presente, debemos estar listos para él, saludarlo, y tener un plan B en caso de que las cosas salgan mal. Si salen de formas inesperadas, está bien. Esos errores nos harán diseñar nuestra manera de trabajar de nuevas formas, y así podremos conseguir perfeccionarnos. El error debe ser bienvenido.

El cómplice también nos ayuda a poder decir “nosotros”. Cuando hay un nosotros detrás de una invitación hay confianza. Y esa es la fuerza de las comunidades, que dan fortaleza cuando se necesita, cuando buscamos inspirar a otros, hacemos sentir que las propuestas funcionan porque ya estamos inspirados, ya estamos trabajando, cometiendo errores, celebrando los éxitos. No hay nada más motivador que eso.

Esta es sólo una entre muchas posibles formas de empezar. Hay muchas otras, mientras se nos ocurren otras podemos decir:

¡A buscar cómplices!