El primer paso -Cómo hacer un Laboratekio parte 1

Hay un factor importante  que hemos encontrado en la construcción de un huerto personal o comunitario.

Se necesita de un cómplice..
Ya leímos mucho de problemas ambientales, o quizá no, ya simpatizamos con la idea de los huertos urbanos, las azoteas verdes, la comida local, o quizá no. Quizá sólo queremos tener unas macetas en el techo o en la ventana, o quisiéramos construir una pared verde.

La cuestión es que solemos pensar que para EMPEZAR a sembrar una nueva forma de vivir tenemos que aprender muchísimo antes de dar el primer paso. Queremos sembrar jitomates y creemos que debemos aprender sobre agronomía, plagas, cultivos, cosechas y biología.

Si en cambio queremos organizar un tequio de trabajo, o un Laboratekio en casa o en la escuela, entonces volvemos a pensar que necesitamos aprender mucho y que la labor complicada de organizarnos necesita demasiado tiempo y por trabajo o escuela dejamos de lado la oportunidad de convocar a un tequio.

Queremos decirles que aunque algo negativas, todas esas ideas pueden servirnos para una cosa, que es realmente importante para nuestro huerto, y esa cosa es: LA COMPOSTA. Ya podemos dejar que esos residuos urbanos se descompongan, y se transformen, delante necesitamos otras cosas.

Hay un factor importante  que hemos encontrado en la construcción de un huerto personal o comunitario.

Se necesita de un cómplice.

Un cómplice nos ayudará en más cosas de las que pensamos. Cuando nos preguntamos por dónde empezar, qué hacer primero, cómo digo esto que quiero hacer, cómo invito a los otros. Cómo busco información parece que estamos solos en una isla desierta. Pero con compañía es distinto: a veces es suficiente con decir: “Quiero hacer esto” y quien está del otro lado responderá y el trabajo empezará a hacerse y habrá más inspiración.

Parece un dato banal y gratuito, pensaríamos que es obvio. Sin embargo es importante por varias
razones, se recomienda que a cualquier invitación, charla, plática, se le agregue el ingrediente del placer. Si quieres que un amigo te ayude a hacer algo, invítalo a comer, a tomar un café. Prepara una cena, y cuéntale lo que se te antoja hacer. Ayuda mucho tener tiempo para hacerlo. Puedes poner en tu agenda: “Cita para contarle a Pancho lo que quiero que hagamos”. Pancho lo agradecerá y el proyecto también. Parece plan romántico y no se nos había ocurrido. ¡También puede serlo!

Otra de las razones por las que un cómplice es necesario es que no siempre nos animamos a hacer las cosas solos por primera vez. También es más fácil construir las ideas y ordenarlas cuando tienes a alguien que te escuche y te de retroalimentación y crítica.

La razón más importante, al menos a nuestro parecer, es que es más fácil tomar decisiones. Un Laboratekio ocurre en el lapso de 6 a 8 horas. Si es la primera vez que se hace no es necesario invitar a tus 15 amigos a que todos te den su opinión de lo que hay que hacer y cuándo pueden venir a ayudarte. Si esperamos a estar todos juntos el tiempo pasará y poco podrá avanzarse. No es decir que no ayude tener la opinión de todos, pero hay una cosa que necesitamos entender sobre las decisiones y el trabajo.

La única forma de hacer que otros te sigan o se inspiren con lo que haces con ellos es mostrando resultados concretos y exitosos. Así sean dos huacales llenos de tierra. Cuando esperas que tus amigos te acompañen en tu labor de construcción necesitas ofrecerles algo a cambio. Son personas que a menos que el huerto sea comunitario van a brindarte su tiempo y esfuerzo para un espacio que es tuyo. Por eso los tequios incluyen clases gratuitas sobre cosas, hay que mantener el balance entre lo que se da y lo que se recibe. Si sólo recibes trabajo, y el trabajo no está organizado, tendrás dos problemas. La gente se desanimará y sentirá que trabaja la tierra de otros para el beneficio de otros. Y esa misma gente sentirá que sus esfuerzos no tienen resultados, como el trabajo no está organizado se avanzará poco y no se verá el esfuerzo concretizado.

Esos problemas hemos buscado solucionarlos haciendo eficiente la organización, claro que no siempre sale como esperamos, pero el esfuerzo de planificar ayuda a dar algo de forma y siempre se agradece. Y es más fácil organizarse si hay pocas manos qué levantar y pocas opiniones qué conciliar. Repito, no es que el consenso no sea un elemento importante, pero los Laboratekios funcionan basándose en el trabajo (organizado) de un solo día, funcionan gracias al ánimo que surge de los resultados concretos y son sesiones de trabajo itinerante que siempre tienen poblaciones diversas y fluctuantes. Es más sencillo en algunas ocasiones organizar el trabajo si son pocos quienes toman las decisiones. Se trata de proyectos pequeños. También es más sencillo que se reúnan para trabajar sobre el plan. Siempre sabemos de reuniones para planificar donde la mayoría falta, o llega tarde. Si esperamos a ser los 10 amigos que queremos iniciar algo para empezar, pasará demasiado tiempo y los ánimos se desgastarán. Esto ha sido al menos nuestra experiencia. Se trata de un ánimo donde hoy te llamo, mañana planeamos, pasado mañana convocamos y trabajamos dentro de una o dos semanas. Tenemos tiempo de fallar, rediseñar, volver a convocar. Velocidad y confianza son buenos aliados.

No hay mejor forma de conseguir el éxito que intentando. Tampoco debemos tenerle miedo al error. Laboratekio trabaja en torno al factor Caos. El Caos siempre estará presente, debemos estar listos para él, saludarlo, y tener un plan B en caso de que las cosas salgan mal. Si salen de formas inesperadas, está bien. Esos errores nos harán diseñar nuestra manera de trabajar de nuevas formas, y así podremos conseguir perfeccionarnos. El error debe ser bienvenido.

El cómplice también nos ayuda a poder decir “nosotros”. Cuando hay un nosotros detrás de una invitación hay confianza. Y esa es la fuerza de las comunidades, que dan fortaleza cuando se necesita, cuando buscamos inspirar a otros, hacemos sentir que las propuestas funcionan porque ya estamos inspirados, ya estamos trabajando, cometiendo errores, celebrando los éxitos. No hay nada más motivador que eso.

Esta es sólo una entre muchas posibles formas de empezar. Hay muchas otras, mientras se nos ocurren otras podemos decir:

¡A buscar cómplices!

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