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Ya estamos en abril, ¿Se recuerda de sus propósitos de año nuevo?

En diciembre muchas personas tienen la tradición de plantearse propósitos de año nuevo y la combinan perfectamente con la costumbre de no cumplirlos, lo que conforma un hermoso ciclo de esperanza y frustración.

Esta situación es tan evidente que he escuchado a quienes opinan que es mejor no plantearse propósitos y que la vida te lleve. Otros dicen que el asunto es un simple problema de voluntad. Pero más allá de las especulaciones de calle, ¿Por qué cuesta tanto cambiar?

Según los últimos avances de la neurociencia, las experiencias de vida moldean el cerebro hasta fortalecer algunas conexiones neuronales, en detrimento de otras. Es decir, si usted es músico, su cerebro tendrá una forma y funcionamiento distinto a que si es oficinista. Si desea hacer algo diferente, su cerebro tendrá que crear nuevas conexiones que sólo se fortalecerán con la práctica. Desde este enfoque podemos sentirnos menos culpables, el problema de cambiar no es la apatía es la biología. Sin embargo, ¿Quién es el responsable de las experiencias que le dan forma a nuestro cerebro?

En este punto es fácil intuir que si una persona ha tenido una vida rutinaria tendrá más dificultades para cambiar que otra que enriquece su vida con experiencias novedosas. La segunda tendrá un cerebro con mayor plasticidad para crear las nuevas conexiones.

Sobre la base de esta idea y considerando que ya estamos en el mes de abril de 2014, me permitiré hacerle unas sugerencias para que desempolve sus propósitos:

  1. Involúcrese en situaciones y con personas que la “obliguen” a realizar lo que desea. Cambie su rutina para facilitar la aparición de nuevas conexiones cerebrales.
  2. Póngase una fecha límite para comenzar y márquela en un calendario.
  3. Coloque su meta a la vista en alguna parte de su hogar o su lugar de trabajo. Que no se le olvide.
  4. Visualice como será su “Yo futuro” después de cumplir su propósito y sienta los beneficios que recibirá por llegar allí.

Estas son herramientas psicológicas que nos facilitan alcanzar lo que deseamos y hacer  de nuestro cerebro un órgano más hermoso, como se muestra en la obra de Elizabeth Jameson. Recuerde: si no transforma sus deseos en metas visibles, luego se convertirán en frustraciones.

Artículo publicado en la edición de febrero de la revista digital Desde Ahora.

Editado para esta publicación.

Identidad, Transhumanización y Ciencia Ficción

Los cambios tecnológicos pueden transformar de maneras insospechadas nuestra relación con el mundo. Los ejemplos son numerosos: la rueda, la máquina de vapor, la computadora, Internet, por sólo nombrar los más icónicos en términos de revolución social.

Nick Gentry es un artista que por medio de su obra ha explorado estos efectos en el Ser. Su obra de retratos elaborados con desechos  informáticos nos invita a reflexionar sobre cómo construimos nuestra identidad dentro del ámbito de lo digital, superponiéndola a la convencional.

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De Nick Gentry

Parece vislumbrase un futuro en el que la tecnología estará integrada al cuerpo: lentes, ropa, chips, nanorobots y otros accesorios con la capacidad de mantenernos en conexión permanente con la información. Se podría afirmar que estamos en los linderos de la transhumanización, un concepto filosófico que se refiere a la posibilidad de trascender las limitaciones de nuestra biología.

Esto significa que los procesos cognitivos, sensoriales y cualquier otro, podrían optimizarse a niveles de ciencia ficción. Los investigadores más optimistas visualizan que será posible trasladar toda la información de las conexiones neuronales de una persona a un ordenador, lo que en otras palabras es preservar esa conciencia por la eternidad.

El gran desafío de una posible transhumanización ética es el de la accesibilidad. Si consideramos que en el presente existen grandes brechas entre privilegiados y desfavorecidos, podría suceder que se generen dos clases de ciudadanos: los mejorados o trascendidos, y los convencionales.

Es evidente que la optimización de las capacidades estará al alcance de quien pueda pagarla y aquellos que lo hagan serán los que dominarán los diversos espacios de la vida social. Es una consecuencia lógica de ser más inteligente, fuerte o perdurable.

Tal vez la gran pregunta que debamos hacernos es cómo podemos aprovechar todos esos avances para el bien común y no el de sólo de unos pocos que desean la inmortalidad y la superioridad.  De lo contrario, el futuro imaginado en la película Matrix será más que un culto cinematográfico.

Escafado

Artículo publicado en la quinta edición de la revista digital Desde Ahora.  http://issuu.com/35809/docs/enero

De la queja popular a la acción transformadora

Los dramas humanos son cada vez más inmediatos y globales. Hace unas décadas sólo te enterabas de los sucesos de tu comunidad, ahora puedes saber de manera instantánea lo que ocurre en casi todas partes del mundo. Como consecuencia, la lista de dificultades se ha incrementado: extinción de animales, crisis económicas, terremotos, epidemias, calentamiento global… todo sucediendo al mismo tiempo.

Sin  embargo, ocurre una paradoja,  a medida que se fortalece la habilidad de estar enterado de muchos eventos, pareciera que también disminuye la capacidad para afrontarlos, como si el exceso de información inhibiera la acción, al punto de reducirse a una especie heroísmo virtual. Este consiste en: enterarse de un problema,  presionar un “me gusta”, compartirlo con todos los amigos y pasar al siguiente desafío. Queda la sensación de “Misión cumplida” y, es cierto, no se resolvió nada pero ahora la queja es más popular.

A pesar de lo anterior, existen individuos o colectivos que van más allá del “compartir” y se plantean una pregunta clave que puede ser el impulso para cualquier transformación: ¿Qué puedo hacer con lo que soy y tengo? Responder esta interrogante puede ser la diferencia entre pasarse la vida quejándose ante una pantalla o ser resolutivo.

En el mundo hay muchos ejemplos y mencionaré uno que conocí recientemente. En México existe un colectivo llamado Laboratekio, tiene dos años de existencia y empezó con dos colaboradoras. Su objetivo es promover la cultura de la autosustentabilidad ¿Cómo lo hacen? Ofrecen lo que tienen: talleres de siembra urbana, una metodología de trabajo y solidaridad. En la actualidad tienen decenas de aliados y cientos de seguidores. No están cambiando la totalidad del mundo, pero sí están cooperando localmente con personas, hogares y comunidades.

Los seres humanos siempre pueden decidir qué hacer ante sus circunstancias: conformarse, quejarse, huir o actuar. Las tres primeras son las más fáciles y quizá sean necesarias como parte del ciclo de aprendizaje. Pero la cuarta es la que puede significar un verdadero cambio. Lo interesante de focalizar los esfuerzos hacia metas realistas es que existe la posibilidad de que algo pequeño, luego se convierta en una gran campaña. El primer paso es tomar la  decisión de ofrecerle a tu entorno más cercano algo de lo que sabes y tienes. El impacto lo descubrirás en el futuro.

Artículo publicado en la cuarta edición de la revista digital Desde Ahora: http://desdeahora.esske.net/flips/cuarta_ed/cuarta_ed.html

Arte, Guerra y Resiliencia

Arte, Guerra y Resiliencia

Cuando la diplomacia y la política se ahogan en la retórica, y los medios de comunicación masiva se venden al efectismo mediático, sólo queda el arte como instrumento para denunciar los horrores de la guerra. Muchos artistas de diversas épocas han sido ejemplo de esto: Marc Chagall pintó contrastes entre imágenes de paz y agresión. La obra de León Ferrari estableció un vínculo íntimo entre lo bélico y la religión. Peter Kennard elaboró fotomontajes como instrumento de activismo político.

De Leon Ferrari

Por lo general, esas propuestas artísticas tienen como objetivo sensibilizar al colectivo y promover una transformación social, sin embargo, suele suceder que se quedan atascadas en el marco de la contemplación ociosa y fragmentada; que consiste en ver una imagen por un par de segundos, asombrarse, compartirla y pasar de inmediato al siguiente fragmento, sin profundizar ni actuar.

De Marc Chagall

Los que estamos fuera del contexto de la guerra nos convertimos en receptores de estadísticas y eufemismos que ensombrecen nuestra realidad: la ambición desmedida es una “guerra humanitaria”, las masacres son “daños colaterales” y los asesinatos son “bombardeos preventivos”. Sólo aquellos que han vivido la amarga experiencia de la guerra, saben con propiedad todo lo que esa situación trae consigo: muerte, carencias, miedo, caos, mutilaciones, torturas y heridas que permanecen en el tiempo.

De Peter Kennard

Detrás de toda guerra existen intereses. Si no, ¿Por qué los objetivos militares son países que poseen gran cantidad recursos energéticos o  ubicaciones geoestratégicas? Los ejemplos son claros: Irak, Irán, Libia, Afganistán y Siria. Esto no es nuevo, así ha sido en la historia y así seguirá sucediendo, principalmente porque las resoluciones de los organismos internacionales son un adorno anecdótico dentro de la alharaca de opiniones.

Ante ese panorama desolador, sólo queda la esperanza de que las víctimas puedan trascender su sufrimiento. El ser humano tiene la posibilidad de ser resiliente y sobreponerse a las circunstancias, de tomar el horror y convertirlo en belleza. Hay muchos casos individuales o de grupos que han superado eventos terribles, pero ante un futuro escenario en el que las diferencias sociales se hacen mayores y los gobiernos poderosos se creen los dueños del mundo, ¿Será posible una resiliencia global? 
                                                                                                                                                                                                                                                                                                              Escafado


Fuente: 

Artículo de opinión publicado en la revista digital  Desde Ahora